jueves, 25 de agosto de 2016

ORFEO

"Erase una vez… Orfeo estaba casado con Eurídice, a quien él amaba apasionadamente y quien un día fue fatalmente mordida por una serpiente venenosa. Con el corazón roto, Orfeo descendió al Mundo subterráneo para recuperar a su desaparecida esposa. Tuvo éxito al encantar con su música y canciones a Hades y a su esposa Perséfone, Señor y Señora del Mundo de la Sombras, quienes le garantizaron su deseo. Nadie podía resistirse a su encanto bajo el hechizo de su voz. Orfeo “hizo correr lágrimas de hierro por la mejilla de Hades, e hizo que el infierno concediera lo que el Amor buscaba” (Ovidio). Los monarcas impusieron una condición: que por ningún motivo, durante el ascenso desde la muerte a la vida, debería Orfeo girarse para mirar a su amada Eurídice que le seguiría por detrás; condición a la que él consintió de todo seguiría corazón. Al dejar a la luz del día, dio, sin pensar, media vuelta, mientras Eurídice todavía se hallaba en la débilmente iluminada caverna. Fue demasiado pronto. Él le tendió su brazo con todas sus fuerzas, pero ella no consiguió alcanzar su mano y cayó desvanecida hacia la horrible oscuridad, murmurando un débil “adiós”, perdida para siempre por su paralizado, destrozado y abandonado esposo. Al igual que el Sol, que estaba alzándose en el horizonte, Orfeo se adentró en el día solo. Este viaje fue como aquel de un hombre que, estando dormido, se comunicó con su ánima en un sueño, en sus propias profundidades, sólo para perderla por completo en cuanto despertó a la mañana siguiente". (Pascal, 1998, p. 205)

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