Por: Leidy Cañas Torres. Psicóloga. Magister en Psicología.
Gerente y Representante Legal de la empresa "Gerencia de sí mismo"
La adultez tardía es una etapa de llegada hacia la sabiduría, estabilidad e integridad. A partir del recorrido por las diferentes etapas la persona se hace más sensible, más sabio y más cuerdo en circunstancias, sufrimientos y obstáculos de la vida; la metáfora hacia la adultez se asocia con una biblioteca en la que se encuentra lo que se quiere investigar.
Estas personas por lo general quieren compartir sus dones o características, ayudar a otros a desarrollar pautas y acciones de cambio, siendo solidarios y altruistas (Steiner, 1997). Paralelamente en esta etapa se puede encontrar con otras percepciones, realidades y contextos dados a la dificultad de entender o superar el deviniendo de cambios, traumas y malestares. Cuando se llega a la adultez tardía, sin integrar o entender cambios o el advenimiento de alguna crisis, la persona desarrolla situaciones de inconformidad relacionadas con sensaciones de soledad, sensaciones de abandono, frustración y sufrimiento, denotados aún más en contenidos de baja autoestima, decaimientos físicos, malestares emocionales, psíquicos y psicosociales.
Asimismo, la persona puede experimentar sensaciones y necesidades emocionales que
antes le podrían pasar totalmente inadvertidas; los sueños, metas e ilusiones
forjadas 30 años atrás o durante toda su vida suelen no ser tan claras y
factibles generando inconformidad y disgusto.
Si bien los cambios físicos y
cambios psicológicos en la adultez tardía son tangibles, se abre una probabilidad
y una apertura al trabajo psíquico, previniendo enfermedades y contribuyendo a
la reducción de daños y efectos en determinada edad. Al partir de algunos
enfoques e intervenciones propuestos se estructuran elementos de prevención a
dificultades emocionales por medio de la identificación y reconocimiento en el
ámbito personal.
Recapitulando en
este seminario se retoman conceptos relacionados con las etapas evolutivas de
la persona o ser humano, se tienen en cuenta los cambios y las adaptaciones que
se requieren para hacer –actuar- o aceptar una realidad en los ámbitos físicos
y emocionales; se parte de la importancia de los conocimientos, recuerdos,
fracasos y vivencias, instaurando valor a las experiencias de vida. Como valor
agregado permite la posibilidad de aconsejar con amor y enseñar como ideal,
proporciona el encuentro con nosotros mismos, generando una actitud de cooperativa
hacia los demás.

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